Viaje a Japón – por Denisse Lozano

Este verano tuve ocasión de visitar Wakayama, la zona suroeste de la región de Kansai, en medio de la isla de Honshu, en Japón. Pese a ser una zona poco conocida del país nipón, figura en las guías gracias a la ruta de peregrinación de los templos de los Montes Kii, conocida como Kumano Kodō.

Templo-budista-Seiganto-ji-con-la-cascada-Nachi

Templo budista Seiganto-ji con la cascada Nachi

El paisaje es sin duda uno de los grandes atractivos de Wakayama. En cuanto te alejas unos kilómetros de la costa, las carreteras parecen engullidas por un entorno virgen, frondoso y lleno de vida, que enseguida permite entender la inspiración de todo un culto a la naturaleza.

Vista desde Takahara

Vista desde Takahara

Suelos vegetales sombreados por infinidad de hojas que exploran la escala de verdes, acompañados del incansable sonido de las cigarras, esconden varios templos y santuarios de culto budista y sintoísta que conviven con la armonía propia de lo japonés.

Templo sintoísta. Kumano Hongu Taisha

Templo sintoísta. Kumano Hongu Taisha

Estas zonas de culto suelen estar en áreas elevadas, con hermosas vistas y acceso a través de largas escalinatas de piedra que parecen pertenecer al paisaje.

Camino a la cascada Nachi. Kumano Kodo

Camino a la cascada Nachi. Kumano Kodo

En estas cimas se encuentran grandes recintos que guardan varios edificios con distintas funciones e incluso distintos cultos. Son lugares en los que permanecer largo rato, orar, meditar, descansar o llevar a cabo alguno de los múltiples rituales habituales en busca de fortuna.

Campana en templo budista. Kumanonachi Taisha Shrine

Campana en templo budista. Kumanonachi Taisha Shrine

Y entre montaña y montaña, en los valles de Kii, el Japón más rural: grandes planicies de arrozales salpicadas por pequeñas casas de tejados de cuatro aguas y esquinas elevadas. Las gentes de Wakayama exhiben con orgullo los productos que hacen grande su agricultura, la mikan (una especie de mandarina amarga) y el umeboshi (una conserva salada de ciruela amarga japonesa), pequeñas muestras de la gran variedad gastronómica que ofrece el país.

Comida de restaurante tradicional en Wakayama

Comida de restaurante tradicional en Wakayama

La comida, momento clave del día, es solo un ejemplo más de la forma nipona de hacer las cosas. El esmero, la funcionalidad, el protocolo casi ritual y el gusto estético por la belleza, la armonía, la sencillez y los detalles. Una filosofía que lo tiñe todo, desde la jardinería a la arquitectura o la moda, configurando una sociedad unida en su peculiaridad.

Kinkaku-ji en Kioto

Kinkaku-ji en Kioto

Espero haber transmitido un poquito lo que fue descubrir una cultura apasionante y un paisaje a su altura. Dejo mucho vivido por contar, como el contraste entre el rural y la ciudad, pero dejo más aún por descubrir. Es complicado no sentir la tentación de quedarse a seguir desentrañando sus rarezas y virtudes, pero ya que la responsabilidad obliga, me quedo con la promesa de regresar y traer conmigo otros pedacitos del país del sol naciente.

Quizás la próxima vez en otoño…

Denisse Lozano

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